domingo, 16 de noviembre de 2014

NO ME OLVIDO



   Simplemente tengo muchas cosas entre manos y el pobre blog se queda desatendido. No es que haya dejado de jabonear y cremear, es que hacer las fotos, abrir el ordenador para escribir, pensar qué voy a poner... Se me hace un mundo cuando pienso en la montaña de historias que me ocupan los días.

   Ha llegado el otoño y ,después del parón veraniego forzoso, vuelvo a ser productiva en el tema jabonil y cosmetológico.

   Hoy os traigo y jabón que siempre he tenido ganas de hacer. Jabón sencillo, popular por su cremosidad y por las bondades que tiene y que no había hecho antes simplemente porque no disponía de su ingrediente principal; la leche de cabra. Por fin este verano arramplé con medio litro de leche de cabra de las cabras de la vecina del pueblo, mujer buena donde las haya, mi vecina Victoria.
A mi madre le da leche de vez en cuando, pero siempre acaba en la barriga en forma de leche migada o algún que otro suculento postre y no llego a tiempo para robar un poquillo y hacer unas pastillitas de milagro jabonil.
Así que me traje medio litro de leche, lo congelé en cubitos y lo dejé ahí hasta que a la ocasión la pintaron calva hace unos días, y me dispuse a ello.





   Este jabón tiene en su fórmula sencilla aceites de coco y oliva, aceite de ricino y mantecas de cacao y karité. Puse una fragancia mezclada con algo de aceite esencial de lavanda, la fragancia es de lirio de los valles. Me gustó mucho el resultado, no lo teñí, sólo un sello y en su color natural lo veo espléndido.
Estoy deseando probarlo y certificar así que la leche de cabra, puesta en la piel es tan buena como en el estómago.

¡¡Besos!!

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